«LA CRISIS DE LOS REFUGIAGOS SE SUSTENTA EN LA EXPLOTACIÓN DEL SISTEMA NEOLIBERAL»

Giacomo Sferlazzo, miembro de la asociación Askavusa

Fuente: BERRIA 

Entrevista de Ainara Gurrutxaga

A jucio de Sferlazzo, los políticos tienen una visión simplista, ya que echan la culpa a los dictadores de África y venden a la Unión Europea como salvadora. «Estamos ante un proceso neocolonialista».

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Giacomo Sferlazzo es miembro de la asociación cultural Askavusa. Creada en el año 2009, al hilo de las protestas que provocó la construcción del centro de acogida de migrantes. Dada la importancia que ha cobrado Lampedusa en la política internacional, los ciudadanos se dieron cuenta de la importancia de crear una asociación cultual y políticamente independiente, para tratar desde un punto de vista crítico los temas relacionados con la isla.

La asociación Mikelazulo ha viajado a Lampedusa bajo el lema “Territorios sin muros”. Tú, en cambio, no estás del todo de acuerdo con esa idea. ¿Por qué?

Para mí, ese lema es retórico. En mi opinión, el asunto de la migración, del modo que se da hoy en día, se debe ubicar dentro de la idea del mercado único: es decir, dentro de la perspectiva de la política neoliberal. Cuando se creó el espacio de Schengen, hicieron referencia a la libertad de movimiento, pero, realmente, querían decir libertad de explotación. Durante todos estos años, han atacado la soberanía de las naciones de esa namera. Por eso no estoy a favor de derribar las fronteras de los estados-nación, porque pueden ser necesarias para que los estados-nacón defiendan su soberanía.

En un paradigma comunista-socialista quizá podría tener sentido, pero, en tiempos de una política neoliberal salvaje, derribar las fronteras supondría dejar las puertas completamente abiertas al capitalismo.

La pregunta que se debe hacer es la siguiente:¿por qué están abandonando los refugiados sus territorios? Incluso habiendo derribado los muros, no se solucionaría el problema. Continuarían viniendo. A mi juicio, el meollo de problema actual se basa en la explotación de los trabajadores y de los recursos que alimenta el sistema neoliberal, y ese es el primer problema al que hay que hacer frente.

Tenéis una exposición montada con objetos de los migrantes. Según la asociación Askavusa, el objetivo es fomentar el sentido crítico para con el tema, no la emoción.

Hay que tener mucho cuidado, los temas tratados con emoción pueden atenuar la realidad. Un ejemplo: al hablar de Lampedusa, a menudo se menciona el Holocausto, porque difunde una imagen emocional en toda la gente: campos de concentración, colas de gente hambrienta, huída de las familias? Por ejemplo, la famosa película La vita e bella de Benigni históricamente es falsa. No fueron los estadounidenses los que liberaron Auschwitz como aparece en la película. Fueron los rusos. Por eso le dieron el Oscar a la película. Y puede ser una película muy bella, conmovedora, pero el asunto es que las ideas falsas pueden penetrar muy fácilmente a través de la emoción. Y ese es nuestro discurso: cuanto más emocional es la información, con más cuidado hay que observar el mensaje que transmite. Como en el caso del niño sirio que apareció muerto en la playa. Sucedió cuando se dieron los disturbios con las fronteras de Turquía, y, precisamente en el momento en el que, como Alemania recibía a los sirios, quería mostrarse a sí misma como solidaria y humanitaria. En el caso de la migración también, deberíamos prestar especial atención a este asunto.

¿Cuáles son los prejuicios que llegan a Lampedusa?

Hay dos percepciones de Lampedusa. Hay quien antes de venir aquí llama al hotel, preguntando a ver si hay muertos en las playas, si hay muchos migrantes en la calle o si hay alguna enfermedad. Otra imagen que se ha formado, en cambio, muestra Lampedusa como símbolo de lugar de acogida y de humanitarismo. Como un lugar en el que toda la gente está dispuesta a tomar parte en labores de rescate, como una isla de héroes. Muchos de los que vienen con esa percepción no saben ni siquiera que también hay un centro de detención, o, si lo saben, piensan que es un lugar con buenos propósitos. La política internacional utiliza a su antojo este tipo de retóricas, porque esos prejuicios ayudan a difundir su mensaje: el único problema son los dictadores de África y los traficantes que se aprovechan de la situación de los inmigrantes. Europa, en cambio, se presenta como salvadora. Ese prejuicio es muy peligroso, porque da un punto de vista muy imperialista, ¿y a los que vienen aquí? ¿o a cualquiera que lea las noticias? porque les da una perpectiva simplificada y manipulada. Estamos ante un proceso neocolonialista.

En mayo los migrantes que están en el centro protestaron en las calles de Lampedusa. ¿Qué reclamaban?

 Sobre todo, piden no ser identificados. Según la normativa de Berlín, los migrantes deben ser identificados en el primer estado en que toman tierra, (en este caso, en Italia) y desde allí no se pueden mover al resto de los estados de Europa. Como están fichados, les hacen regresar a sus países, a algunos de inmediato, y a otros, en cambio, transcurrido un tiempo. Los que están en el centro quieren tener derecho a moverse libremente en Europa. Piden que se respete su dignidad en calidad de refugiados. El centro de Lampedusa lo privatizaron en 2012, y, desde entonces, lo gestiona una empresa llamada Misericordia. Reciben dinero del Estado, y puedo decir que ese dinero no lo utilizan para mejorar ni la infraestructura ni la situación de los que están allí. Se ha convertido en un negocio.

 La alcaldesa de Lampedusa Guiseppina Nicoli ha denunciado a menudo la situación de los migrantes.

 Sí, ya sé que fuera de aquí tiene buena fama. Pero nuesta asociación y la mayoría de los lampedusianos no tienen buena relación con ella. Nuestra relación ha tenido altibajos. Al principio le agradábamos mucho, pero, después de las elecciones, las cosas cambiaron y surgieron problemas. La relación se rompió sobre todo cuando le pedimos los informes sobre los radares que hay en Lampedusa.

 

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