Vasco Lourenço, cipayo portugués

Bruno Carvalho, periodista portugués
*Artículo de colaboración para Euskal Herriko Antiinperialistak a raíz de la entrevista a Vasco Lourenço, publicada el 25-4-2014 en GARA

 25 abrilHace unas semanas, el pueblo portugués conmemoró los 40 años de la revolución más profunda en Europa Occidental desde la Comuna de París. Desde las primeras horas de la mañana, cuando los trabajadores se dan cuenta de que hay un levantamiento militar, el pueblo llena calles y avenidas de todo el país para garantizar el derrocamiento del fascismo. Para la historia quedaron las imágenes de civiles montados en tanques de guerra vitoreando juntos con los militares la derrota de la dictadura. Pero además de la amplia cobertura periodística de los hechos y de los protagonistas del 25 de abril del 74, los medios portugueses se dedicaron a dar espacio estos días a los héroes de la contrarrevolución. Uno de ellos fue Frank Carlucci, embajador de Estados Unidos en Portugal entre 1974 y 1978. Ejecutó tan bien su trabajo que desde Lisboa voló directamente hacia la administración de la CIA. Pero para llegar a Lisboa tuvo que ensuciarse las manos y enseñar que sabía cómo ahogar subversivos. En 1961, estaba en el Congo cuando fue asesinado Patrice Lumumba y eso lo dice todo. Frank Carlucci es todavia una referencia para todos los que salieron victoriosos del golpe militar contra-revolucionario que dictó el fin de esa primavera de dos años que empezó en abril de 74. Mário Soares, aliado en la lucha anticomunista, nunca escondió que el apoyo norteamericano había sido fundamental para evitar que Portugal se transformara en la Cuba de Europa. Especialistas afirmaban hace pocos días en una conferencia que el proceso revolucionario portugués fue una vacuna para las transiciones hacia la democracia por parte de España y Grecia. En esos países se evitaron las convulsiones sociales y económicas que en Portugal condujeron a la nacionalización de las grandes empresas, de la industria, de todos los bancos y seguros, de toda la prensa, radio (excepto una emisora) y televisión, la reforma agraria, a la expulsión de elementos fascistas de todas las instituciones y a las imágenes de familias ricas escapándose hacia Brasil. También hace pocos días, el Instituto Goethe, en Lisboa, trataba de alabar el papel de Alemania Occidental en el apoyo a las fuerzas contrarrevolucionarias. Decia Klaus Wettig, uno de los elementos del grupo de contacto permanente en Lisboa del alemán Partido Social-Demócrata, que sin el dinero, la formación y el asesoramiento político de ese país no hubiera sido posible derrotar a los comunistas.

Pero para cumplir los objetivos de las potencias capitalistas europeas y de Estados Unidos, fueron muchos los protagonistas portugueses. Uno de ellos fue Vasco Lourenço, entrevistado por Alberto Pradilla, hace dias en GARA, como si fuera uno de los rostros de esa revolución bonita que abrió las puertas a la justicia social y al progreso. Vasco Lourenço no esconde que el 25 de abril se encontraba lejos de Lisboa pero esconde, y Alberto Pradilla como periodista tiene la obligación de sacar esa información al aire, que fue el máximo jefe del golpe militar que cerró nuevamente las puertas a las esperanzas de los trabajadores portugueses. Pero aún así esa pregunta no acabaría con la indignación de todos nosotros que desde Portugal hemos leído el reportaje de GARA sobre nuestra tan querida revolución.

¿Que criterio editorial puede llevar a alguien a entrevistar a uno de los grandes protagonistas del 25 de noviembre, la fecha en que empezó el miserable viaje hacia el abismo en quPCPe hoy estamos metidos? Con tantos militares comprometidos con la revolución y sus más importantes conquistas como las nacionalizaciones y la reforma agraria, ¿cómo se puede elegir a Vasco Lourenço para encuadrar un acontecimiento que tanto entusiasmo causó entre los revolucionarios vascos que luchaban contra el franquismo? La próxima vez que venga a Lisboa, invitaré a Alberto Pradilla, o a cualquier otro trabajador de GARA, a conocer a esa hermosa mujer que ofreció los claveles rojos a los soldados y que no tuvo ninguna duda en unirse al Partido Comunista después de la revolución. O a las mujeres que echaron al patrón de su empresa, hicieron una comisión de gestión y dirigieron durante un año, bajo control obrero, una fábrica con miles de trabajadores. Le contaré a Alberto Pradilla cómo los elementos de esa comisión de gestión fueron detenidos y expulsados, el patrón readmitido, recién llegado de su fuga a Brasil, después del golpe liderado por Vasco Lourenço, Ramalho Eanes y Jaime Neves. O del asesinato de los campesinos Caravela y Casquinha bajo las balas de la policía mientras defendían la reforma agraria y resistían a la entrega de las tierras a los terratenientes también regresados de su fuga a Brasil, con la protección del nuevo poder auspiciado por Vasco Lourenço.

Que en los medios financiados por los banqueros se abra espacio a los héroes de la burguesía se comprende. Que lo haga un periódico que durante años hemos visto como el portavoz de la izquierda independentista vasca nos deja el mismo dolor que dejaría un periódico portugués de izquierda entrevistando a los que traicionaron y traicionan la lucha por la liberación nacional y social de Euskal Herria. Que todos sepan y no olviden: Vasco Lourenço cumplió su papel de cipayo al servicio de Estados Unidos y de las potencias capitalistas europeas. Y la derrota de la revolución fue su victoria.



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